En un contexto marcado por la
acelerada transformación digital del mercado laboral, la región enfrenta
un desafío estructural: la brecha entre las habilidades que demanda el mercado
laboral y la formación que reciben millones de personas. En este escenario, el
nuevo estudio “Educación técnico-profesional en América Latina en
el marco de la digitalización”, desarrollado por Ayuda en Acción y la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas,
(https://ayudaenaccion.org/informe-digitalizacion-latam/ ) pone sobre la mesa la
urgencia de repensar los sistemas de educación técnica como un pilar clave para
un desarrollo social inclusivo de la región.
En ese sentido, el estudio evidencia
que la educación técnico-profesional representa una oportunidad concreta de
movilidad social, pues en promedio, en América Latina, quienes han
completado estudios técnicos a nivel terciario reciben ingresos un 41%
superiores frente a quienes solo cuentan con educación secundaria, lo que
confirma el impacto directo de este tipo de formación en la mejora de las
condiciones económicas de la población.
Asimismo, el informe destaca que
este impacto también se refleja en el acceso al empleo, particularmente en el
caso de las mujeres, cuyas tasas de ocupación pueden ser hasta 19 puntos
porcentuales más altas frente a aquellas con menor nivel educativo, lo que
refuerza el papel de esta formación en la reducción de brechas.
En contraste, pese a ese panorama, el
informe también advierte que la digitalización podría profundizar desigualdades
preexistentes cuando los sistemas formativos no logran adaptarse al ritmo del
cambio tecnológico. Esto cobra especial relevancia en un periodo en el que,
según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tecnología pone en
riesgo a más del 80% de las tareas administrativas, lo que afectaría mayormente
a la población joven de la región.
Frente a ese contexto, resulta
fundamental fortalecer la articulación entre el sector educativo, el sector
productivo y las políticas públicas, de manera que la formación responda
efectivamente a las demandas actuales y futuras del mercado laboral, avanzando
hacia modelos más inclusivos e innovadores que integren nuevas tecnologías en
los procesos de enseñanza y aprendizaje.
¿Qué
pasa en Ecuador?
La formación técnica incrementa
significativamente el acceso al empleo femenino: en Ecuador, la ocupación de
mujeres con estudios técnicos supera en 19 puntos porcentuales a la de aquellas
con menor nivel educativo. También, estudiar una carrera técnica puede aumentar
salarios en más del 50%, pero en el país solo el 11,3% de estudiantes de educación
superior en Ecuador cursa programas técnicos-profesionales.
Alrededor del
60% de estudiantes de educación técnica terciaria en Ecuador pertenece a los
quintiles de ingresos más altos (quintiles 4 y 5). Esto evidencia que jóvenes
de menores ingresos todavía enfrentan barreras para acceder a este tipo de
formación.
“La educación técnica puede
reducir a la mitad la pobreza en América Latina, el 16% de personas con solo
secundaria vive en pobreza, mientras esa cifra baja al 8% entre quienes
cursaron educación técnica terciaria. Esta realidad debe alertarnos como país,
es clave impulsar la educación técnica en Ecuador”, menciona Fiorella Mackliff,
Directora País de Ayuda en Acción Ecuador.
Por su parte, Daniela Trucco,
investigadora y Oficial Superior de Asuntos Sociales de la CEPAL destaca
que no existe un modelo único para avanzar: “El análisis de experiencias
comparadas releva elementos comunes a nivel regional, pero señala la
importancia de desarrollar estrategias situadas, que reconozcan las capacidades
institucionales y características productivas de cada país”.
Una hoja de ruta de cara a la
digitalización
Para afrontar la creciente
transición digital, Ayuda en Acción y la CEPAL proponen una hoja de ruta que
facilitará la resolución de los problemas estructurales de la Educación y
Formación Técnica-Profesional (EFTP) a nivel de políticas, planificación, inversión
y articulación público-privada. Esta consta de cuatro ejes estratégicos:
1.
La gobernanza, la capacidad institucional y la articulación
intersectorial son esenciales: coordinación entre el Estado y el sector productivo para
definir líneas de trabajo conjuntas en las que se prioricen las necesidades del
mercado y las capacidades de las poblaciones que accederán a estos procesos
para que sea una formación continua e independiente de los ciclos
políticos.
2.
La formación no solo es técnica, también es organizacional y
pedagógica: más
allá de la modernización de la educación con la implementación de nuevas
tecnologías, la EFTP debe ofrecer modalidades flexibles y valorar los
conocimientos previos para hacer planes de trabajo ágiles y vinculados a las
demandas constantes del mercado laboral.
3.
Cooperación internacional, clave para facilitar la
transformación digital: es fundamental la participación de actores internacionales como
facilitadores de conversación, permitiéndole a los estados y las organizaciones
definir sus prioridades mientras reciben apoyo técnico o financiamiento, que
posteriormente se traduce en nuevas oportunidades de prosperidad para las
personas.
4.
No existe un modelo único, cada país requiere estrategias
situadas: se
deben evaluar las necesidades internas de los países para hacer modelos
personalizados que permitan una coordinación intersectorial, el desarrollo de
habilidades transversales, la inversión en infraestructura y equipamiento y la
flexibilización de los trayectos formativos.
Con base en estos hallazgos, el
estudio concluye que avanzar hacia sistemas de educación técnico-profesional
más inclusivos y articulados no es solo una necesidad educativa en la región,
sino una condición indispensable para que América Latina pueda enfrentar los
desafíos de la digitalización con menores niveles de desigualdad, mayor
competitividad y desarrollo social inclusivo.
Material
audiovisual: https://www.dropbox.com/scl/fo/b6uqcr6cjccdkuk0azs56/APh1B70GrflOok0jfGRZE3c?rlkey=d200qzwu0erjr1oz4danlxf46&st=3ei8939g&dl=0
