foto: Cortesía Praxmed
En el mes de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una fecha que invita a hablar de salud mental desde la prevención, la escucha y el acceso oportuno a apoyo profesional. Romper el silencio y el estigma que todavía dificultan que muchas personas expresen lo que sienten o pidan ayuda sigue siendo un desafío, más aún cuando se revisa un dato oficial y alarmante de la Organización Mundial de la Salud (OMS): más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo; mientras que a nivel nacional, en 2024, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) registró 1.143 muertes por suicidio.
Según Karen Avilés, psicóloga de Praxmed, “La prevención requiere mirar los diferentes entornos en los que transcurre la vida cotidiana, y el trabajo es uno de ellos. Pasar varias horas al día bajo presión constante, enfrentar cargas excesivas, poca autonomía, conflictos, inseguridad laboral o situaciones de acoso puede convertirse en un factor de riesgo para el bienestar psicológico”.
Esto no significa que todo episodio de estrés laboral derive en un problema de salud mental ni que exista una causa única detrás de una crisis; significa que la salud ocupacional no puede limitarse únicamente a prevenir accidentes o enfermedades físicas, sino también a identificar y gestionar los riesgos psicosociales.
Cuando “estar estresado” deja de ser parte de un día difícil
● Cierta presión puede aparecer de manera puntual frente a una entrega, una reunión importante o una temporada de mayor demanda. El problema surge cuando esa tensión se vuelve persistente, difícil de manejar y comienza a interferir con el descanso, las relaciones personales, el rendimiento o la salud.
● La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el estrés relacionado con el trabajo puede aparecer cuando las exigencias superan los recursos que una persona percibe que tiene para afrontarlas. “Si esta situación es intensa o prolongada, puede generar consecuencias tanto psicológicas como físicas”, advierte la representante de Praxmed.
● Algunas señales que merecen atención son:
○ Alteraciones persistentes del sueño, como dificultad para conciliarlo, despertarse varias veces durante la noche o levantarse con sensación de agotamiento.
○ Irritabilidad, ansiedad o cambios frecuentes de ánimo, especialmente cuando se intensifican antes o durante la jornada laboral.
○ Dificultad para concentrarse, cometer errores que antes no eran habituales o sentir que tareas sencillas requieren un esfuerzo excesivo.
○ Cansancio que no mejora con el descanso, acompañado de falta de motivación o desconexión emocional frente al trabajo.
○ Síntomas físicos recurrentes, como dolores de cabeza, tensión muscular o molestias gastrointestinales sin una explicación aparente.
○ Aislamiento, menor interacción con compañeros, familia o amigos y pérdida de interés en actividades que antes generaban bienestar.
○ Una sensación constante de desbordamiento, impotencia o desesperanza.
● “Cuando estas manifestaciones persisten o aumentan en intensidad, es importante buscar valoración profesional; y ante expresiones de desesperanza extrema, ideas de muerte o de hacerse daño, la atención especializada debe ser inmediata”, asegura Avilés.
Salud mental en el trabajo: prevenir antes de que aparezca una crisis
El cuidado del bienestar mental dentro de una organización no debería comenzar cuando una persona ya se encuentra en una situación crítica. La prevención puede construirse de forma progresiva mediante la identificación temprana de riesgos y la creación de mecanismos accesibles de apoyo. Entre las acciones que pueden impulsar las empresas están:
○ Evaluar los riesgos psicosociales. Identificar factores relacionados con carga laboral, liderazgo, relaciones interpersonales, organización del tiempo y otras condiciones permite tomar decisiones basadas en las necesidades reales de los equipos.
○ Capacitar a líderes y colaboradores. Jefaturas y equipos pueden aprender a reconocer señales de alerta, comunicarse de manera adecuada y conocer las rutas disponibles para solicitar apoyo, evitando estigmatizar o intentar asumir el rol de un profesional de salud mental.
○ Generar canales seguros y confidenciales de atención. Contar con profesionales especializados facilita una consulta oportuna y permite dar continuidad a la vigilancia de la salud mental de los colaboradores.
○ Convertir los resultados en acciones. Una encuesta o evaluación pierde utilidad si no conduce a cambios. La prevención implica revisar cargas de trabajo, prácticas de liderazgo, dinámicas internas, horarios y otros factores cuando se identifica que pueden constituir un riesgo.
En Ecuador, la prevención de los riesgos psicosociales forma parte de la gestión de seguridad y salud en el trabajo, por lo que las organizaciones tienen la oportunidad de ir más allá del cumplimiento normativo y construir entornos que protejan de manera integral la salud física y mental de sus colaboradores. “Con este enfoque, desde Praxmed acompañamos a las empresas mediante soluciones de salud ocupacional y bienestar mental que contribuyen a fortalecer culturas laborales más saludables, donde pedir ayuda sea posible y la prevención forme parte de la gestión cotidiana”, concluye la especialista.
Follow @laprimeraec

