El cuidado del cerebro no comienza en la
adultez, se construye desde la infancia. Estudios señalan que durante los
primeros 20 años de vida, el cerebro atraviesa sus etapas más intensas de
desarrollo, en las que se forman y fortalecen las conexiones neuronales que
definirán la capacidad de aprender, de regular las emociones y de adaptarse a
lo largo de toda la vida. En ese proceso, neurólogos destacan que uno de los
factores más determinantes, y a la vez más descuidados, es el sueño: mientras
los niños duermen, el cerebro consolida la memoria, madura sus circuitos,
regula las emociones y elimina los desechos metabólicos acumulados durante el
día.
El periodo de vacaciones es justamente cuando
este pilar se pone a prueba: los niños y adolescentes se acuestan más tarde,
despiertan a horas irregulares y pasan más tiempo frente a pantallas, muchas
veces hasta la madrugada. Los datos reflejan que la constancia se pierde con la
edad: según un reporte del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados
Unidos (NCHS) publicado en 2026, el 90% de los niños de 5 a 10 años mantiene
una hora regular para dormir, cifra que cae al 77% entre adolescentes de 14 a
17 años, grupo en el que cerca del 15% reporta cansancio durante el día. En
este contexto, la Dra. Ana María Cevallos, pediatra de Clínica Internacional
explica por qué proteger el sueño en vacaciones es proteger el cerebro en
desarrollo.
"Hablar de salud cerebral en la infancia es
hablar de hábitos, y el sueño es el más importante de todos. No es una pausa:
es un proceso en el que el cerebro se construye a sí mismo. Un niño que duerme
mal de forma sostenida está comprometiendo su aprendizaje, su conducta y su
desarrollo emocional. En vacaciones no se trata de eliminar la flexibilidad,
sino de evitar que el descanso se desordene por completo", explica.
El cerebro
funciona con relojes: dormir lo suficiente y a horas regulares
Los Centros para el Control y la Prevención de
Enfermedades (CDC) de Estados Unidos recomiendan de 10 a 13 horas de sueño en
preescolares, de 9 a 12 horas entre los 6 y 12 años, y de 8 a 10 horas en
adolescentes. Pero para la pediatra de Clínica Internacional la cantidad no
basta, el cerebro regula el sueño mediante ritmos circadianos que dependen de
horarios estables y de la exposición a la luz.
Cuando los horarios cambian drásticamente en
vacaciones, se produce un desfase similar al de un viaje entre husos horarios,
que se refleja en irritabilidad, falta de atención y menor rendimiento. Un
estudio publicado en 2025 en la revista Sleep Medicine, que siguió a más de 200
adolescentes durante semanas escolares y de vacaciones, identificó que las
rutinas inconsistentes son una de las principales barreras para un buen
descanso. Además, de acuerdo con la Academia Americana de Pediatría (AAP), el
sueño insuficiente se asocia con mayor riesgo de ansiedad, irritabilidad y
dificultades de comportamiento.
Pantallas: el
problema no es solo cuánto, sino dónde
Un estudio
publicado en JAMA Pediatrics, revista científica especializada en salud
infantil y adolescente de la Asociación Médica Estadounidense, midió de forma
objetiva el uso de pantallas en adolescentes y encontró que el momento más
crítico ocurre cuando los dispositivos se utilizan dentro de la cama. Cada 10
minutos adicionales de pantalla en la cama se asociaron con una reducción del
tiempo total de sueño; este efecto se triplicó con actividades interactivas,
como los videojuegos, y llegó a restar más de media hora de descanso cuando se
usaban varios dispositivos a la vez.
“Estas
actividades mantienen al cerebro en estado de alerta y retrasan el inicio del
sueño, alterando el reloj biológico”, advierte la representante de Clínica Internacional.
Recomendaciones
para cuidar el cerebro en vacaciones
•
Mantener horarios de acostarse y despertarse estables, con
variaciones máximas de una hora.
•
Conservar una rutina previa al sueño.
•
Evitar el uso de pantallas dentro de la cama, especialmente
videojuegos.
•
Fomentar actividad física y exposición a luz natural durante el
día, que sincronizan el reloj biológico.
•
Retomar gradualmente los horarios escolares durante la última
semana de vacaciones.
"Cuando
un niño duerme mal de forma sostenida, el cerebro lo manifiesta: está más
irritable, le cuesta concentrarse y rinde menos. Si los padres observan
somnolencia excesiva durante el día, dificultad persistente para conciliar el
sueño o ronquidos frecuentes, es recomendable una evaluación neurológica,
porque detrás de un mal dormir puede haber un trastorno del sueño
tratable", añade la
Dra. Cevallos.
La salud cerebral se construye todos los días,
incluso en vacaciones. Proteger el sueño, mantener rutinas y regular el uso de
pantallas son decisiones cotidianas que hoy marcan la diferencia en el
aprendizaje y el equilibrio emocional de niños y adolescentes, y mañana, en la
salud de su cerebro adulto.

