Ivana Zamora Tarira. Psic. UIDE Guayaquil
Un análisis difundido por Harvard Business Review reveló que los usos más frecuentes de las herramientas de inteligencia artificial están relacionados con la búsqueda de terapia y compañía. En la actualidad, el papel de los chatbots ha evolucionado de manera significativa. Si bien, en sus inicios, fueron concebidos como herramientas de asistencia para tareas, en los últimos años sus funciones se han ampliado hasta involucrarse en el ámbito de relaciones humanas. Esta transformación valida el plantearnos interrogantes sobre los efectos que este tipo de interacción puede generar en las personas.
Las investigaciones recientes han comenzado a explorar esta dinámica y sugieren que la interacción cotidiana con los chatbots puede generar una disminución temporal de la sensación de soledad, debido a la disponibilidad inmediata de respuestas y a la percepción de ser escuchados. No obstante, cuando su uso se vuelve constante, podría reducir el deseo de buscar interacciones humanas auténticas, favoreciendo una mayor dependencia de este tipo de herramientas.
¿Qué encuentran las personas en los chatbots que las lleva a interactuar con ellos de forma recurrente? Es posible que hayas utilizado ChatGPT previamente para resolver dudas académicas, laborales o incluso personales. Con cada interacción, la IA dispone de más información y puede adaptar las respuestas al estilo, necesidades o inquietudes del usuario, generando la percepción de una comunicación más personalizada y de una validación constante de sus opiniones o emociones. La realidad de la vida es que las relaciones humanas implican confrontación, desacuerdo, situaciones incómodas, pero todo esto es auténtico. Si la IA responde de manera empática y reafirma al usuario, es comprensible que muchas personas prefieran volver a interactuar con ella porque es más sencillo al evitar el malestar de las relaciones humanas.
Cuando esta interacción comienza a sustituir el contacto social, aumenta el riesgo de desarrollar una dependencia emocional hacia la inteligencia artificial, disminuyendo sus habilidades sociales para afrontar el interactuar con el mundo real, ocasionado intolerancia al conflicto o expectativas irreales sobre el contacto humano. Todo esto tiene un punto de partida. ¿Qué está ocurriendo internamente en la persona para que sea más propensa a desarrollar este tipo de dependencia? No todas las personas recurren a un chatbot de la misma manera ni por las mismas razones. Detrás de esta búsqueda puede existir una necesidad emocional que la persona intenta satisfacer a través de estas interacciones, convirtiendo poco a poco al chatbot en un espacio al que recurre para sentirse mejor, afrontar determinadas situaciones o simplemente evitar aquello que le resulta difícil de enfrentar en sus relaciones cotidianas.
En este sentido, la dependencia emocional hacia un chatbot quizá no comienza con la tecnología en sí, sino con una necesidad propia de la persona que encuentra en esta herramienta una forma de ser compensada. De esta manera, el chatbot deja de ser únicamente un recurso de apoyo y comienza a ocupar un lugar significativo dentro de la vida del sujeto llegando a generar la necesidad de mantener una interacción constante con él. Es preciso comprender qué necesidades humanas están encontrando respuesta en estos nuevos espacios digitales. El verdadero obstáculo está en encontrar un equilibrio donde estas herramientas puedan complementar la experiencia humana sin convertirse en un reemplazo de los vínculos.

