Emilio Carrillo. Escuela de Psicología Clínica
Ecuador perdió 0-1
ante Costa de Marfil el 14 de junio de 2026, en un partido mundialista decidido
por un gol tardío de Amad Diallo. Para muchos hinchas, el golpe no fue solo
deportivo: fue emocional.
La tristeza después de
una derrota de la Selección no significa necesariamente “depresión” clínica.
Más bien, suele ser una reacción afectiva intensa, especialmente cuando existe
una fuerte identificación con el equipo. En psicología deportiva, esto se entiende
como identidad de grupo: cuando juega la Tri, muchas personas sienten que
también juega una parte de sí mismas.
Cuando una selección
gana, el hincha puede experimentar orgullo, pertenencia y validación social.
Cuando pierde, aparece lo contrario: frustración, rabia, desánimo y
pensamientos repetitivos sobre lo que “pudo haber sido”. Esto se vuelve más
fuerte cuando el marcador es corto, como un 0-1, porque deja la sensación de
que el resultado estuvo cerca de cambiar.
En el caso de Ecuador,
el dolor se amplifica porque no se trata de un club cualquiera, sino de un
símbolo nacional. La camiseta concentra recuerdos familiares, reuniones con
amigos, expectativas colectivas y orgullo país. Por eso, una derrota puede
sentirse como una pequeña pérdida compartida.
No es exageración: el
cerebro lo vive como pérdida
Estudios sobre
aficionados muestran que la identificación con un equipo puede influir en la
autoestima personal y colectiva. Es decir, el resultado deportivo puede afectar
temporalmente cómo una persona se siente consigo misma y con el grupo al que
pertenece.
Además,
investigaciones recientes explican que los hinchas buscan formas de proteger su
identidad cuando su equipo pierde. Algunos culpan al árbitro, otros critican al
técnico, otros se desconectan de redes y algunos intentan enfocarse en el
siguiente partido. No es simple drama: son mecanismos psicológicos para
recuperar equilibrio emocional. [4]
¿Qué hacer después de
una derrota?
Lo primero es
reconocer la emoción sin burlarse de ella. Decir “me dolió perder” no es
inmaduro; es una forma sana de nombrar lo que pasó. El problema aparece cuando
el resultado domina todo el día, afecta el sueño, provoca discusiones fuertes o
impide cumplir responsabilidades.
También ayuda tomar
distancia de redes sociales durante unas horas, porque después de una derrota
suelen multiplicarse los comentarios agresivos, memes hirientes y análisis
impulsivos. Hablar con otros hinchas desde el humor, caminar, hacer ejercicio o
cambiar de actividad permite que el cuerpo procese la tensión acumulada.
La derrota ante Costa
de Marfil deja bronca, sí. Pero también recuerda algo importante: el fútbol
conecta emocionalmente porque nos hace sentir parte de algo más grande. Esa
misma sensibilidad que hoy duele es la que mañana permite celebrar un gol como
si fuera propio.
Por eso, la respuesta
no es dejar de sentir, sino aprender a sentir mejor. La Selección puede perder
un partido; la hinchada no tiene por qué perder la calma, la perspectiva ni la
esperanza.
