lunes, 13 de abril de 2026

¡MORATORIA YA!

05:02

 

Francisco Escandón Guevara

Email:               fcoescandog@gmail.com

         fescandonguevara@yahoo.com


Hace pocos días, algunos organismos de crédito internacional lanzaron una advertencia que no debe ignorarse: el sobreendeudamiento de la economía mundial alcanzó niveles críticos y la burbuja financiera global amenaza con estallar.

Según el Fondo Monetario Internacional, al cerrar el año 2025, la suma de la deuda externa acumulada de todos los países del planeta alcanzó el 93,9% del Producto Interno Bruto mundial y las previsiones alertan que antes de terminar esta década el endeudamiento superará el 100%.

Los números por país confirman la magnitud del problema. Japón supera el 200% de su PIB en deuda, Estados Unidos e Italia se ubican por encima del 120%, Francia el 116%, Reino Unido el 101% y China el 88%. El capitalismo atraviesa una condición crítica estructural de la que no escapan ni siquiera los países imperialistas.

En el caso de los países dependientes la situación es más aguda. Ecuador tiene una deuda total consolidada que supera el 70% de su PIB y se aproxima a los 100 mil millones de dólares. Sólo en 2026, el gobierno desembolsará 12.822 millones de dólares a los tenedores de la deuda externa e interna, cifra muy superior a lo que destinará a inversión pública. La proporción es catastrófica: por cada dólar que Ecuador invierte en su futuro, gasta casi siete dólares pagando deudas del pasado.

Este no es un fenómeno reciente. Desde los años setenta del siglo anterior, sucesivos gobiernos -dictaduras civiles o militares, conservadores o socialdemócratas, neoliberales o progresistas- cedieron las decisiones económicas a los organismos financieros internacionales, a los intereses de las superpotencias y a los negocios de las transnacionales.

La deuda se convirtió en un mecanismo de control y chantaje político. Al priorizar el pago de la deuda, las consecuencias las pagó siempre el pueblo: recortes presupuestarios a escuelas y hospitales, más impuestos al consumo, menos pensiones a los jubilados, despidos de trabajadores, privatización de empresas estratégicas, eliminación de subsidios y alto costo de la vida. Esa austeridad oligárquica en realidad es una transferencia de riqueza desde los pueblos hacia los acreedores.

Al seguir esa inercia, el país y otras naciones caminan al default. Más temprano que tarde será imposible cumplir con los pagos: contratar nuevos créditos será carísimo, los títulos de deuda perderán valor aceleradamente y la burbuja financiera estallará posiblemente en una crisis generalizada.

Continuar pagando la deuda externa no es responsabilidad fiscal, es rendición y atraso para los pueblos. Es hora de la moratoria: primero la vida.

 

Francisco Escandón Guevara

Email:               fcoescandog@gmail.com

         fescandonguevara@yahoo.com

 

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