En
medio de una de las olas migratorias más significativas de los últimos años,
los ecuatorianos en el exterior no solo envían dinero a sus familias, también
envían memoria, identidad y tradición. En cada paquete que cruza fronteras
viajan productos esenciales de la cocina ecuatoriana, maíz, quinua, fréjol o
lenteja, que permiten replicar sabores, recetas y costumbres lejos de casa.
Este fenómeno ocurre en un contexto en el que las remesas
alcanzan cifras históricas. Solo en 2025, los ecuatorianos enviaron cerca de
USD 7.729 millones, consolidando estos recursos como una de las principales
fuentes de ingreso del país, según el Banco Central del Ecuador. Sin embargo,
más allá del aporte económico, crece una dimensión menos visible pero
profundamente significativa, el envío de productos nostálgicos que conectan
emocionalmente a quienes migran con su origen.
De acuerdo con análisis económicos recientes, hasta el
75% de las remesas se destina a necesidades básicas, lo que confirma que la
alimentación no es solo una prioridad, sino un eje de la vida cotidiana. En ese
contexto, los productos tradicionales adquieren un valor que trasciende lo
nutricional, son símbolos de hogar.
Para miles de
ecuatorianos que viven en países como Estados Unidos, España o Italia, donde se
concentra gran parte de la comunidad migrante, cocinar con ingredientes propios
es una forma de mantener su identidad en un entorno distinto. Cerca del 7% de
la población ecuatoriana reside en el exterior, lo que ha impulsado no solo el
intercambio económico, sino también cultural. Estudios sobre migración y
alimentación coinciden en que los productos tradicionales fortalecen el sentido
de pertenencia e incluso impulsan emprendimientos gastronómicos en los países
de destino.
En paralelo, el aumento en el envío de encomiendas refleja
esta tendencia. En 2025, además del récord en remesas, se registró un
crecimiento sostenido en el envío de paquetes, evidenciando que los migrantes
combinan el apoyo económico con el envío de bienes físicos que conectan
emocionalmente con sus familias.
“En DHL entendemos que
cada envío cuenta una historia. Más allá de transportar productos, conectamos a
las personas con sus raíces, sus tradiciones y sus familias. Hoy vemos cómo los
ecuatorianos en el exterior no solo envían apoyo económico, sino también
mantienen viva su identidad al recibir alimentos que representan su cultura.
Nuestro compromiso es garantizar que estos envíos lleguen de forma segura y
eficiente, preservando ese vínculo tan valioso con el hogar”, señala Edith
Villavicencio, Gerente General de DHL Ecuador.
En este contexto, compañías globales como DHL juegan un
papel clave al facilitar el envío seguro y rápido de productos alimenticios y
encomiendas. La creciente demanda de envíos internacionales ha impulsado
soluciones logísticas más eficientes, permitiendo que productos sensibles como
granos, dulces, conservas, etc., lleguen en condiciones óptimas.
Hoy, cada paquete que sale de Ecuador cargado de sabor
tradicional es mucho más que un envío, es un puente cultural que lleva al país
a cualquier parte del mundo, acorta distancias y mantiene vivas las recetas
familiares y costumbres, reforzando el sentido de pertenencia y recordando que,
incluso lejos, el sabor del hogar sigue presente.
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DHL – La empresa logística para el mundo. DHL es el líder global en
la industria logística, ofreciendo un amplio portafolio de servicios que
incluye la entrega de paquetes nacionales e internacionales, soluciones de
e-commerce, envíos exprés, y transporte terrestre, aéreo y marítimo, además de
la gestión de cadenas de suministro industriales. Con cerca de 395,000
empleados en más de 220 países, DHL conecta personas y empresas de manera
segura y confiable, promoviendo flujos comerciales sostenibles. La empresa
ofrece soluciones especializadas para sectores como tecnología, salud,
automotriz y retail. DHL es parte del Grupo DHL, que generó más de 81.8 mil
millones de euros en 2023, y tiene el objetivo de lograr cero emisiones netas
para 2050, impulsando prácticas sostenibles a nivel global.
