En Ecuador, el liderazgo femenino avanza, pero no en
línea recta. Mientras más mujeres ocupan espacios de decisión y consolidan
emprendimientos propios, persiste una brecha menos visible, aunque
profundamente determinante: el acceso desigual a herramientas de protección
financiera.
Según datos difundidos por Mujeres por Ecuador con base en Deloitte
(junio,2024), apenas el 15% de los puestos directivos estaría ocupado por
mujeres. En paralelo según el Global Findex
2024, la tenencia de cuentas en Ecuador aumentó de 64 % en 2021 a 65 % en 2024;
sin embargo, persisten brechas de acceso y uso de servicios financieros entre
mujeres y hombres, lo que evidencia desafíos continuos en la inclusión financiera
por género. La representación avanza, pero la infraestructura
financiera que sostiene esa representación todavía no acompaña al mismo ritmo.
El contexto laboral amplifica esta tensión. Entre octubre y diciembre de 2024, el 55,6% de las mujeres con empleo se ubicó en el sector informal, una condición que incrementa la exposición frente a enfermedades, accidentes o interrupciones del negocio. A junio de 2025, la tasa de desempleo femenino se ubicó en 4,2% y el subempleo alcanzó el 17,5% (INEC, 2025).
Cuando los ingresos son irregulares y el acceso a instrumentos
financieros es limitado, la autonomía económica puede verse comprometida ante
cualquier imprevisto.
Más liderazgo, pero ¿con qué respaldo?
En paralelo, el mercado asegurador ecuatoriano muestra señales de
consolidación. Con corte a septiembre de 2025, la prima neta emitida acumulada
alcanzó USD 1.757,1 millones, un crecimiento cercano al 5% frente al mismo
período de 2024, según FEDESEG. El 68% corresponde a ramos generales y el 32% a
ramos de vida.
Más allá de las cifras, el comportamiento del sector refleja una
tendencia clara: mayor conciencia sobre la gestión del riesgo como herramienta
de estabilidad y continuidad. Sin embargo, la pregunta clave es si esa
conciencia está llegando con la misma fuerza a mujeres ejecutivas,
emprendedoras y trabajadoras independientes.
Para Tecniseguros, la conversación sobre liderazgo femenino no puede
limitarse al acceso a cargos de decisión. Debe incorporar una dimensión
estratégica vinculada a la protección financiera como pilar de sostenibilidad.
“El liderazgo no se mide solo por alcanzar una posición, sino por la
capacidad de sostener lo construido. En un país con alta informalidad y brechas
de acceso financiero, hablar de protección es hablar de continuidad del hogar,
del negocio y del empleo”, afirma Carla Terneus, subgerente comercial de
Vida y Asistencia Médica de Tecniseguros.
Gestión de riesgos: una agenda empresarial con enfoque
de género
Desde una perspectiva técnica, la protección financiera implica
identificar vulnerabilidades personales y patrimoniales, estructurar coberturas
alineadas al ciclo de vida y establecer planes de continuidad. Pero desde una
perspectiva social, implica algo más profundo: reducir la fragilidad
estructural que aún acompaña al crecimiento femenino en el ámbito económico.
Cuando una emprendedora carece de respaldo financiero ante una
enfermedad o un evento inesperado, el impacto trasciende lo individual: alcanza
a su familia, a sus colaboradores y, en muchos casos, a comunidades enteras que
dependen de su actividad productiva.
En un país donde más de la mitad de las mujeres ocupadas se encuentra en
la informalidad y donde persisten brechas en inclusión financiera y
representación directiva, fortalecer el acceso a instrumentos de protección no
es solo una decisión individual; es una estrategia de desarrollo económico.
Incorporar la gestión del riesgo dentro de la agenda de liderazgo femenino transforma la conversación. Ya no se trata únicamente de cuántas mujeres llegan a posiciones de poder, sino de cuántas cuentan con herramientas para sostener, escalar y proteger lo que han construido.
Anticiparse al riesgo: condición para el progreso
El desafío, entonces, no es solo avanzar en representación. Es
consolidar un ecosistema donde el liderazgo femenino tenga bases financieras
sólidas que garanticen estabilidad, continuidad y crecimiento.
