Por Liz Salavarría
Profesionales preparados, inteligentes y con experiencia no avanzan porque no comunican lo que saben. En el mundo laboral actual, eso cuesta caro.
Uno de los primeros oradores que apareció a nivel mundial fue Dale Carnegie (1888-1955), experto en relaciones humanas y comunicación eficaz, ingredientes básicos para superar cualquier escollo. Su experiencia y contacto con gente de diferente condición social le permitieron concebir la idea de cambiar el comportamiento de los demás entablando conexión con ellos. Una premisa que permite superar una mala entrevista, una presentación poco clara o una idea mal explicada que pueden cerrar puertas durante años. El talento que no se comunica se vuelve invisible.
Existen variados ejemplos de extraordinarios oradores a nivel mundial que han logrado fortalecer la mentalidad de profesionales que desean comunicar para que su organización salga adelante. Desde el norteamericano Anthony J. Robbins, un orador motivacional y coach, hasta Nick Vujicic, predicador y orador australiano que nació sin extremidades.
Estudios en el ámbito corporativo indican que el 85 % del éxito profesional está ligado a habilidades blandas, y la comunicación encabeza la lista. Además, más del 60 % de los conflictos laborales y despidos se relacionan con problemas de comunicación y no con falta de conocimientos técnicos.
Lee Iacocca (1924-2019) fue lo que hoy llamamos CEO de la industria del automóvil de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Su imagen llegó a publicarse en las campañas de Ford por su cualidad de ser un gran comunicador sobre las virtudes de los vehículos modernos.
Hoy, saber comunicar no es un «plus»: es una condición básica de empleabilidad. Mientras sigamos formando profesionales que solo saben hacer, pero no explicar, seguiremos perdiendo oportunidades valiosas, tanto a nivel personal como empresarial.
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