jueves, 9 de julio de 2026

Alarmante investigación de Foodrise en Ecuador sobre producción acuícola

10:51

 


El Observatorio de Bienestar Animal (OBA), en colaboración con Protección Animal Ecuador, ha presentado hoy el informe internacional “Cheap Shrimp, High Costs”, una exhaustiva investigación científica y técnica elaborada por la organización Foodrise que revela el severo impacto ambiental, climático y laboral oculto tras el consumo masivo de camarones en Europa y, en particular, en nuestro país. El documento muestra que la altísima demanda de camarón de Ecuador desde toda la Unión Europea (UE) y España, país que se ha convertido en uno de los principales países que impulsan la demanda global al consumir más camarón ecuatoriano que todo lo producido o capturado en la UE en conjunto, está financiando un modelo acuícola que ya ha provocado el colapso de hasta el 90% de los manglares en algunas zonas de la costa ecuatoriana y mantiene a un 63% de sus trabajadores en condiciones de máxima precariedad laboral.

Ecuador se ha posicionado como el mayor productor y exportador mundial de este crustáceo, alcanzando en 2025 una facturación histórica de 8.400 millones de dólares y superando por primera vez al petróleo como el principal ingreso económico del país. Sin embargo, este crecimiento exponencial —que ha escalado de las 40.000 toneladas en el año 2000 a un estimado de 1,2 millones de toneladas en la actualidad— se encuentra fuertemente concentrado en apenas dos corporaciones exportadoras que acaparan un tercio de todo el valor del sector. La investigación plantea una interrogante que no suele acompañar a las impactantes cifras de exportación: ¿Cuál es el real costo ambiental, social y ético de sostener esta creciente demanda global?

De acuerdo al informe de Foodrise, el 80% del impacto ambiental de la industria camaronera viene derivado de la producción de balanceado para la cría de camarones. El crecimiento de esta industria está siendo financiado y liderado por gigantes corporativos europeos y estadounidenses. Estas compañías, si bien no son muchas, pero sí grandes, están disparando sus emisiones de CO2 al depender masivamente de la soja y harinas de pescado, haciendo que la huella de carbono de la producción de camarón, supere en emisiones a la producción de vacuno lechero. 100 gramos de camarón de piscina generan 18 kg de emisiones de CO2e, más que el equivalente de vacuno lechero medio (17 kg CO2e), lo que convierte al camarón de cultivo en el tercer sistema alimentario más intensivo en emisiones, sólo por detrás de la carne de vacuno y el cordero (Poore & Nemecek, Science, 2018).

Según la investigación, la industria camaronera ha transformado profundamente el paisaje costero del Ecuador. Las piscinas para la acuicultura ocupan ya unas 220.000 hectáreas de costa. El informe certifica que existe una pérdida histórica del 57% de la cobertura total de manglares del país —que en algunos de los estuarios del Golfo de Guayaquil llega a un alarmante colapso del 90%— y equivale a la destrucción de un ecosistema que resulta indispensable para capturar carbono y mitigar la crisis climática global. Además, los manglares son de vital importancia en cuanto a la conservación de biodiversidad, protección frente a inundaciones y el sustento de comunidades que dependen de la pesca artesanal, recolección de conchas y cangrejo rojo.

Ante la gravedad de estos hallazgos, Miriam Martínez, Directora de Bienestar Animal en el Observatorio de Bienestar Animal, advierte que “es inadmisible que el camarón que se consume a diario en España se sustente sobre la destrucción de las costas de Ecuador. Las empresas que los ponen al alcance de las personas consumidoras deberían conocer bien el impacto de sus productos tanto a nivel de bienestar animal como de impacto ambiental. Y, más importante, deberían ser transparentes sobre esto para que sus clientes puedan realizar compras con toda la información.”

El informe también analiza el impacto de la actividad acuícola en los recursos hídricos costeros. Según los datos recopilados, el principal impacto en el agua proviene de la carga orgánica generada por los balanceados y los propios desechos metabólicos de los animales. En concreto, por cada tonelada de camarón que se produce en este sistema se generan más de 51 kilos de desechos de nitrógeno, de los cuales más de la mitad (26 kilos por tonelada) acaban siendo vertidos de forma directa y final a las aguas de los ríos y costas circundantes.

En el plano social, los datos recopilados junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirman que el 63% de los operarios acuícolas carecen de contrato formal, lo que cronifica la precariedad laboral. A esto se suman las permanentes tensiones territoriales con las comunidades ancestrales, provocadas por la agresiva adquisición de terrenos por parte de grandes corporaciones para expandir unas granjas acuícolas que destruyen hogares y desplazan de forma forzosa a la población nativa.

El documento también alerta sobre el uso recurrente de antibióticos considerados críticos para la medicina humana. Aunque la normativa ecuatoriana limita estas sustancias, se los sigue empleando para contener enfermedades derivadas de las condiciones de hacinamiento, incrementando así el peligroso riesgo de proliferación de bacterias resistentes.

Otro de los aspectos abordados por la investigación “Cheap Shrimp, High Costs” es el bienestar animal, algo que no sólo se ignora, sino que además está totalmente ausente como tema de conversación para la ciudadanía ecuatoriana. Dentro del informe se analizan prácticas utilizadas en distintas partes de la industria camaronera global, como por ejemplo, la ablación ocular (corte de ojos) de hembras reproductoras para estimular la reproducción, procedimiento que está ampliamente criticado por expertos en bienestar animal y que permanece invisible para consumidores, tanto nacionales como extranjeros.

Toda esta realidad sobre el terreno ha sido documentada gracias a un detallado archivo audiovisual que incluye impactantes imágenes de investigación obtenidas por la organización WeAnimals, las cuales exponen de manera explícita la masificación, las condiciones de las camaroneras industriales y el deterioro de los entornos naturales explotados en Ecuador.

"El informe de Foodrise nos impactó profundamente. La magnitud de los daños ambientales y la falta de políticas de bienestar animal evidencian problemas que no pueden seguir siendo ignorados. Nos preguntamos si la práctica de la ablación de ojos de las hembras reproductoras también se realiza en nuestro país. Como ecuatorianos tenemos el derecho de saber qué ocurre.”, indica Cristina Alarcón, Gerente de Proyectos de Protección Animal Ecuador, al referirse a la producción de camarón en Ecuador.

©Marcos Zegers / Observatorio de Bienestar Animal / We Animals

 

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