Viviana Medina, directora de la Business School UIDE
Si hablamos claro, la inteligencia artificial ha dejado de ser ese avance tecnológico que solo veíamos en las películas de ciencia ficción, y se ha convertido en una fuerza dominante que transforma nuestros hábitos de consumo. En el contexto comercial actual, los ciudadanos guayaquileños experimentamos una metamorfosis radical al momento de adquirir bienes y servicios. Ya no compramos por impulso emocional puro, sino porque una línea de código muy bien escrita que nos ha leído la cartera y el alma con una precisión que da hasta un poquito de vértigo. Esto refleja la transición profunda hacia un ecosistema de comercio “hiperpersonalizado” impulsado por la tecnología.
Decir esto, no es exagerar, la Cámara de Comercio de Guayaquil y las distintas proyecciones de consumo digital nos sacuden con una realidad aplastante, más del 65% de los compradores en la ciudad ya dependemos activamente de asistentes virtuales o recomendaciones basadas en machine learning para tomar decisiones de compra en el sector retail y de servicios. Es decir, nos creemos seres libres e independientes tomando decisiones de mercado, cuando en realidad la eficiencia digital y la inmediatez algorítmica superan gradualmente a los métodos tradicionales de búsqueda, reconfigurando nuestra lealtad hacia una marca.
Y, por si fuera poco, esta invasión tecnológica no solo se limita a las pantallas de nuestros teléfonos, ha tomado por asalto a las tiendas físicas y centros comerciales de nuestra ciudad. Los establecimientos locales ahora utilizan sistemas de análisis de comportamiento de cliente con inteligencia artificial para espiar amablemente nuestros pasos, calcular inventarios y lanzarnos promociones geolocalizadas justo cuando pasamos por el escaparate adecuado. Al final, nos atrapan con la guardia baja, demostrando que el comercio tradicional ha muerto y que los escaparates modernos ahora nos miran de vuelta con una sonrisa digital.
A pesar, de todas las ventajas evidentes que nos ofrece esta tecnología como el ahorro de tiempo y personalización, tanta eficiencia y tanto coqueteo tecnológico traen su respectiva dosis de desconfianza, porque a nadie le hace gracia descubrir que su intimidad financiera está expuesta en una nube cibernética. Diversos análisis de mercado en el país apuntan a que la confianza del consumidor guayaquileño depende fundamentalmente de protocolos de ciberseguridad transparentes que le garanticen a la gente que sus datos no van a terminar de paseo por el mundo, obligando a los negocios a fortalecer sus protocolos éticos de manejo de datos.
En conclusión, la inteligencia artificial actúa como un catalizador decisivo en la evolución del comercio guayaquileño, exigiendo tanto a las grandes corporaciones como a los emprendimientos locales una rápida adaptación digital. Comprender esta transformación algorítmica del consumo es vital para anticiparse a las demandas del mercado ecuatoriano y asegurar la competitividad económica en la era de la transformación digital.
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